Es curioso el lenguaje. A pesar de su enorme riqueza, su casi infinito inventario de palabras, hay muchas de ellas que se usan poco, o nada y que cuando reaparecen lo hacen cargadas de significados, de emociones, de mensajes.

Cuarentena, pandemia, confinamiento, distancia, mascarilla, emergencia…

Sabemos el significado de las palabras, las hemos oído, las hemos usado.  Lo que no sabíamos, realmente no lo sabíamos, es su tremenda carga emocional.     
Decir cuarentena, desde el paseo en el parque, o la visita entre amigos, es solo mencionar un concepto.

Decir cuarentena hoy, es resumir en cuatro sílabas la tensión, la incertidumbre, la angustia, la duda de una persona, un grupo, una población completa dominada por una molécula, microscópica, invisible, a la que no conocemos, pero todos tememos.  

Decir pandemia, nos trae a la mente la innegable condena de una realidad global.  Nos enfrenta a la comprensión de que “sálvese quien pueda” no es una consigna ni posible, ni inteligente, ni útil.  Más allá de que la protección pase por un aislamiento personal, la palabra nos recuerda que el virus es global; que no conoce las fronteras, las razas, las religiones, los clubes de futbol.

Decir confinamiento convoca otras palabras; cárcel, impedimento, soledad, impotencia.  Nos remite a la crueldad del encierro y nos recuerda la urgencia de la protección.

Decir distancia nos duele en las manos, que ya no pueden estrecharse con otras manos; nos reseca los labios carentes de besos; nos acalambra los músculos, privados de abrazos; nos nubla la memoria, negada a las miradas, a las sonrisas próximas, a los encuentros vitales.

¿Cuántas palabras más despertarán en esta crisis?  ¿Lo harán las palabras solidaridad, conciencia, responsabilidad, empatía?  ¿qué nuevos significados adquirirán palabras tan sencillas como, saludo, cuidado, llamada, pan?

Cuando este virus deje de ser una sentencia letal y sea parte de la historia, talvez su nombre nos recordará la enorme vulnerabilidad que dejamos crecer, mientras intentamos conquistar el mundo con el dinero, el consumo, el poder, el “éxito”.  Tal vez estas palabras también serán pronto resignificadas.  Ojalá.

Por: Roque Iturralde

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