​El encuentro con Benjamín Ortiz Brennan, para conversar sobre su reciente primera novela “A la Sombra del Magnolio” (Rayuela, 2017) derivó en una serie de descubrimientos que hicieron la delicia de una noche de amistad, literatura, conversación, pastel de naranja, tapas, infusiones diversas, café y vino tinto.

Nos juntamos en la casa taller Arrebato, en donde KOMITÉ ha decidido ocupar un espacio para provocar encuentros con la lectura que le pongan una nota creativa, esperanzadora y grata a esta complicada época que vive hoy nuestra sociedad.

En este cálido encuentro, descubrimos:

  • Que una novela ambientada en el siglo XIX, puede tener unos toques autobiográficos sorprendentes, como el uso de un detector de metales para comprobar que el mayor tesoro de las casas de San Marcos, son sus tuberías galvanizadas; o como la bondad de una tía que es capaz dejar para el disfrute de sus despistados sobrinos, una vieja casa que algún día se convertirá en conventillo.
  • Que un periodista puede ser un gran contador de historias, porque las hace fáciles de comprender para el público, sin por ello perder su gran calidad literaria y su profundo pensamiento.
  • Que hay en Benjamín Ortiz, parapetado tras la máscara de editorialista y, en este caso, de novelador histórico, un gran cultor del humor en la literatura… a pesar de su cara de seriedad solemne.
  • Que Benjamín aceleró su opción por publicar la novela, urgido por un autógrafo de un premio Nobel que lo llamó colega (entonces había que serlo) y por el temor a que “mi lamentable fallecimiento ocurra antes que la publicación de mi novela” (sic).
  • Que un hecho trivial puede convertirse en una gran historia. Que las historias de las familias, sus heroismos y miserias, se tejen de tiempo y decadencia, para terminar con un loco, un burócrata y una coqueta como el signo remanente de estirpes en sus tiempos intachables.
  • Que la salud mental del buen vivir tiene una caja de herramientas llenas de indicadores, que nadie ha visto y nadie entiende.
  • Que la mejor manera de acabar una novela, antes de que la novela acabe con uno, es lograr que todos los personajes se mueran.
  • Que la narrativa contiene muchas poéticas distintas.
  • Que un tirano es un tirano en cualquier tiempo.
  • Que una buena mesa, rodeada de amistades verdaderas, al calor de un libro e iluminada por unas pocas delicias para el paladar, puede ser una gran forma de cerrar una semana de trabajo intenso.

Gracias a Benjamín Ortiz Brennan, no solo por aceptar nuestra invitación, sino y sobre todo por regalarnos esa bella novela, creativa, precisa, intensa, que ha tenido para quienes estuvimos esa noche, la frescura de la que es capaz de brindarnos la sombra de un magnolio.

Por: Roque Iturralde

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