Por: María Augusta Iturralde

En busca de referencias para una exposición, recordé una visita que hice al museo de arte Brandts, en Odense, Dinamarca, el año pasado.  

Para tener un poco de contexto, tendría que volver en el tiempo al 2018, cuando dejé el Ecuador para vivir en Europa y una sincronía me llevó a la ciudad de Odense, ubicada en la zona de Syddanmark (o en español Dinamarca Meridional), en la Isla de Fyn (Fionia). Se trata de la tercera ciudad más grande de Dinamarca y es conocida por ser el lugar de nacimiento del famoso escritor Hans Christian Andersen.  Desde que llegué, me pareció un auténtico pueblo de cuento de hadas y se convirtió en un lugar al  que, aunque  no me quedé a vivir, siempre regreso.  Por eso , aquí comparto algunas de las experiencias que he ido coleccionando al explorar Odense.

Caminando por el centro de la ciudad uno se encuentra un pasaje llamado Brandts Passage;  un lugar que atrae de inmediato, porque está cargado de espacios interesantes: una plaza donde suele haber eventos, un café-cine, una galería y un gran edificio que acoge el museo de arte Brandts (Brandts Kunstmuseum). Interesante y lleno de vida, al estar ahí uno tiene la impresión de que el lugar te cuenta también otra historia. 

Dicen que todo empezó hace 250 años con el color. Si, el color.  Tinturar lana como negocio fue la idea que tuvo la familia Brandts por allá en el siglo XVIII. Poco a poco el emprendimiento crece  y lleva el negocio de las tinturas al de las telas y ese al de la ropa. La fábrica de textiles Brands fue una importante fuente de trabajo y desarrollo hasta 1977 cuando cerró y, tras ese cierre, quedó un edificio con más de 10 mil metros cuadrados en lo que hoy es el centro de la ciudad.

Arquitectos y creadores trajeron sus ideas sobre qué hacer con ese espacio. No era sencillo, la idea de darle un nuevo uso a un espacio industrial era nueva y lo que parecía lógico en el momento (1980) era derrocarlo y crear un complejo de departamentos. Sin embargo;  la ciudad tenía un reto: usar el espacio para algo que combine el uso privado y el servicio público y favorezca la posición de la ciudad como una capital regional.  La respuesta y el acuerdo fue que debía ser un espacio destinado al arte.

Hoy alberga un piso con obra de artistas de la región, otro con espacios para exhibiciones temporales y un lugar destinado a la educación y actividades formativas, además de un café, galería y tienda que completan la experiencia.  Así como lo hizo en su tiempo la fábrica textil, la propuesta llena de color el entorno y se extiende hacia la ciudad ofreciendo a quienes la visitan la oportunidad de encontrarse con buenas propuestas de arte clásico, moderno y contemporáneo. 

Allí, conocí a Kiki Kongelig y me maravilló tanto su obra, como la forma en la que Brandts la exhibía.

La exhibición estaba en un piso con techos altos y salas blancas que se habían dividido de la forma más prolija y sencilla posible. Paredes diagonales, muy blancas, salas separadas por umbrales  cortados también en diagonal, en los que se veía un detalle de color que daba paso a los diferentes ámbitos. Esa forma que tienen los escandinavos de diseñar, en la que menos es más, mucho más.

En Brandts el color es el protagonista y la obra de Kiki lo tiene todo, por lo que la simplicidad era indispensable.

Pero ¿Quién es Kiki?

Kiki Kogelnik (Austria, 1935- 1997) comenzó su carrera artística en Viena y luego se trasladó a París en la década de 1950, donde estudió en la Académie de la Grande Chaumière. Más tarde, en 1961, se mudó a Nueva York, donde desarrolló la mayor parte de su trabajo y se convirtió en una figura clave del movimiento del pop art. En su trabajo, ella incorpora colores muy vivos, formas simplificadas y motivos inspirados en la cotidianidad y la iconografía de su tiempo. Su estilo para representar la figura humana y especialmente la feminidad, la han convertido en un interesante referente para artistas contemporáneas.  Utilizó varias técnicas y medios, como la pintura, escultura y grabado.

Su exploración de temas de género y feminidad integró aspectos como la identidad de género, la sexualidad y la representación de la mujer en la sociedad;  en sus obras desafió los estereotipos de género y cuestionó las normas sociales establecidas.  Integró objetos y conceptos que le resultaban fascinantes, como las tijeras o los robots y las naves espaciales; su obra tuvo un carácter único en su tiempo.  Si bien no hizo arte urbano en espacios públicos, sin duda su trabajo ha sido referencia para artistas urbanos posteriormente.

La experiencia de conocer su obra fue especialmente positiva para mí, en medio de la permanente curiosidad que tengo sobre la presencia de las mujeres en la historia del arte y verla, en un montaje tan sencillo, respetuoso y prolijo, me recargó de creatividad.

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